Los nazis encarcelaron a mi amada madre, que aún esta en Hungría. Amenazaron con ejecutarla, pero igualmente mi espíritu no se quebrará y no traicionaré a mi querido país.
Estoy en la cárcel, y para comunicarnos entre los prisioneros judíos en otras celdas utilizamos un espejo para enviar señales por la ventana entre las celdas. Nos comunicamos mediante letras de gran tamaño recortadas en hebreo que colocaba en la ventana una a la vez y dibujando la Estrella de David.
Fui juzgada en Hungría por traición y espionaje. El 7 de noviembre de 1944, fui ejecutada por una unidad de fusilamiento incluso sin haberse dictado un veredicto. Me negué a pedir perdón o a tener los ojos cubiertos al enfrentarse a mis verdugos.
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